miércoles, 20 de julio de 2016

Me detuve, me observé, respiré y volví a elegir

Era una tarde hermosa, buena brisa, buen ambiente, lista para ejercitar mi cuerpo y calmar mi mente,  en términos normales un atardecer perfecto. Sin embargo me sorprendí pensando en la fiesta del chivo (casos, cosas, quesos), definidamente mi cuerpo estaba allí y mi mente en cualquier otro lugar del planeta,  cuando lo que tenía que hacer era disfrutar al máximo aquel maravilloso escenario y sentirme agradecida por la grandeza del universo, entonces recordé algo que leí del autor Julio Bevione: “Detente, obsérvate, respira y vuelve a elegir”, así lo hice:

Me detuve: literalmente, deje de estar en movimiento.

Me Observe: empecé a ver en si todas las cosas que estaba pensando eran necesarias en aquel momento, cuál era la intención de aquellos pensamientos y que me estaban aportando. Definitivamente,  sí,  eran cosas que tenía que pensar pero no en el tiempo que aparté  para mí,  para generar mi  bienestar.

Respiré: conscientemente tomando en cuenta que cada inhalación significaba el renuevo de mis  energías y cada exhalación la muerte de lo que no me ayudaba en el momento.

Volví a Elegir: elegí vivir  aquel momento maravilloso, elegí reírme de mi misma cuando me equivocara en algún paso de la sección, en disfrutar ese justo momento  único e irrepetible de mi vida.

El resultado: felicidad, tranquilidad, paz, esa sensación que no puedo explicar pero que me hace sentir que  el universo está a mi favor y todo fue creado para mí.

Les comparto esto porque sé que muchos de nosotros no disfrutamos los MOMENTOS de la vida, a veces mientras trabajamos pensamos en la familia, las facturas, si estamos con la familia pensamos en el trabajo pendiente, el inconveniente con el compañero, si estamos en clases pensamos en la película que veremos más tarde o en la reunión con los amigos, si estamos con los amigos estamos pendientes del celular,  incluso en el tiempo que elegimos para nosotros, suele ser todo menos eso, porque todos los pensamientos mencionados anteriormente  convergen en este tiempo y nosotros lo permitimos.

Aprendamos a vivir el ahora, concentremos las energías  en la actividad del momento, cuando nuestro cuerpo está en un lugar y la mente en otro  nuestros propósitos no se cumplen, somos improductivos,  infelices, impacientes, es difícil, pero no imposible, solo debemos empezar a estar conscientes  de nuestras acciones y siempre que nos  sorprendamos  en esa actitud, podemos: detenernos, observarnos, respirar y volver a elegir.

La vida es bella y Dios inmensamente bueno, todo lo creo para nuestro disfrute, a cero costo.

Un dulce Abrazo.